Antes de comenzar con la investigación del diagnóstico de esta enfermedad, se valorarán los hallazgos físicos:
Cardiovasculares:
Puede aparecer una hipotensión relacionada con la deshidratación como resultado de la mínima ingesta de líquidos y sumado a la diarrea. Si aparece alguna infección por culpa de un absceso (secundario a esta enfermedad) saldrá a la luz la fiebre, lo cual aparecerá taquicardia y taquipnea. También puede aparecer una disritmia (trastorno del ritmo).
Renales:
Disminución de la diuresis como consecuencia de la escasa hidratación y material fecal en orina si existe fístula vesical.
Gastrointestinales:
Presencia de ruidos intestinales hiper o hipoactivos a la auscultación (borborigmos), presencia de masa abdominal, a la palpación, que indica un absceso si se acompaña de fiebre. Aparece dolor a la palpación, que se acompaña de sensibilidad abdominal anormal (sensibilidad hepática y distensión y rigidez abdominal).
En ocasiones se observa irritación perianal a consecuencia de la diarrea crónica o aguda; es bastante frecuente la hemorragia rectal y como consecuencia de todo ello aparece una pérdida notable de peso.
Integumentarios:
Se puede observar signos de carencia nutricional como es la piel seca, cabello ralo, ojos apagados, fatiga, apatía y edema articular.
Pueden aparecer signos de deshidratación, con disminución de la turgencia y mucosas secas. Palidez, ictericia (si hay hepatitis), equimosis (coloración causada por el sangrado
superficial dentro de la piel), fístulas que drenan (sobre todo se localizan alrededor del ombligo o en cicatrices quirúrgicas).
Con menor frecuencia suelen aparecer lesiones eritematosas, pústulas y pioderma gangrenosa (lesión cutánea de características inflamatoria, reactiva, no infecciosa, no tumoral).
Neurológicos:
Aparece agitación e irritación y con menos frecuencia problemas oculares como es el enrojecimiento, visión borrosa, iritis (inflamación de los tejidos que sostienen el iris), conjuntivitis y uveítis (inflamación de la úvea, lámina intermedia del ojo que se encuentra entre la esclerótica y la retina).
Musculoesqueléticos:
Se observa una articulación inflamada, dolorosa a la palpación (dolor y sensibilidad articular), también se observa una debilidad muscular con dificultad para la movilidad; menos frecuente es la espondilitis anquilosante (enfermedad reumática autoinmune crónica con dolores y endurecimiento paulatino de las articulaciones).
Una vez valorados los hallazgos físicos, el médico de Atención Primaria solicitará un análisis de sangre y de heces; los siguientes pasos se realizarán en la consulta del especialista de aparato digestivo y dichas pruebas se utilizarán con el fin de establecer el diagnóstico de la Enfermedad del Crohn (enteritis regional) [Enfermedad Intestinal Inflamatoria (EII)], se valorará la extensión de la patología y se evaluarán sus efectos.
Para inspeccionar la mucosa intestinal y para detectar los cambios característicos de la EII se procede a realizar las siguientes técnicas y medios diagnósticos:
Médico de Atención Primaria.
Pruebas hemáticas: no son específicas para el diagnóstico de esta enfermedad, aunque facilitan la determinación de la fase en la que se encuentra el proceso inflamatorio y el estado general.
.- Hemograma completo: se puede ver elevación moderada del cálculo de leucocitos, a menos que haya una perforación, caso en el que la elevación es importante; disminución de los niveles de hemoglobina y hematocrito si hay una detrimento crónico de sangre; si la pérdida hemática es repentina y exagerada, los niveles de hemoglobina y hematocrito, puede que no se muestre espontáneamente el cambio en el volumen sanguíneo; el recuento de hematíes puede revelar una anemia megaloblástica si está afectada la fracción de íleo responsable de la absorción de vitamina B.
.- Perfil de electrólitos: puede existir carencia de sodio, potasio y cloruros si ha habido un detrimento constante o agudo de líquidos del tracto gastrointestinal con una reposición incorrecta.
.- Niveles de proteínas totales: reducidos debido a la importante pérdida de proteínas en el exudado inflamatorio del intestino y a través de la hemorragia de los tejidos lesionados, que puede implicar la disminución de albúmina y otras proteínas plasmáticas.
.- Nivel de urea nitrogenada en sangre: acrecentado, dado que las carencias nutricionales significativas producen el catabolismo de las proteínas corporales, lo que se manifiesta en un balance nitrogenado negativo.
.- Tiempo de coagulación: prolongado debido al defecto de síntesis de vitamina K que se origina a medida que se destruye la superficie intestinal; la implicación hepática puede involucrar la alteración del mecanismo de coagulación a medida que se trastorna la síntesis de los factores de coagulación.
Estudio de las heces: se suele pedir cultivo y antibiograma, así como la búsqueda de huevos y parásitos para descartar un origen infeccioso de los síntomas; generalmente la determinación de sangre oculta en heces es positiva; también pueden encontrarse grasa (esteatorrea) si se ha deteriorado la reabsorción de bilis por destrucción de las superficies intestinales.
Médico de Atención Especializada
Pruebas de función hepática: la hepatitis es una complicación de la EII. Puede haber una elevación de la bilirrubina y enzimas hepáticas.
Niveles de fosfatasas alcalinas: aumentados si existe implicación de artritis o hepatitis.
Análisis de orina: al igual que en el estudio de las heces se pide cultivo y antibiograma si se sospecha una fístula vesical; puede existir algunas infecciones oportunistas del tracto genitourinario por inmunosupresión general.
Prueba de la tuberculina: la tuberculosis del ciego puede imitar los síntomas asociados a las EII.
Título de anticuerpos: con frecuencia se detectan anticuerpos anticolon en pacientes con colitis ulcerosa, pero no en otros pacientes con EII.
Enema opaco: esta enfermedad generalmente localizada en el intestino delgado, a veces puede ocurrir en el intestino grueso, con lo que distinguir ambos trastornos con esta técnica es bastante dificultoso; el procedimiento debe omitirse si se sospecha de un absceso o fístula porque la preparación para este procedimiento y el procedimiento en sí mismo pueden agravar la enfermedad.
Rectoscopia o colonoscopia: se observa una mucosa que se desmenuza fácilmente, edematosa, con un tono rojo intenso en el intestino; si la lesión se localiza pasando la válvula ileocecal, puede observarse un estrechamiento y una estenosis de dicha válvula.
Biopsia rectal: hay facultativos que solicitan esta prueba pero verdaderamente es de poca utilidad en esta enfermedad.
Tomografía computarizada: se utiliza para ver si existen masas abdominales que pueden ser fístulas o abscesos.
Series GI superiores: las lesiones en esta enfermedad pueden darse en cualquier lugar a lo largo del tracto gastrointestinal y tienden a alternar con segmentos de tejido normal; esta prueba se realiza para considerar la extensión de la implicación y para ver los tramos en que las cicatrices y estenosis puedan haber producido obstrucciones del flujo intestinal.
Radiografía óseas: se realizan para manifestar la presencia y extensión de los cambios artríticos y espondilitis anquilosante, que pueden suceder en la EII.